

Cuando el color deja de ser lo importante
Hay algo especial en una noche de verano estrellada entre viñedos. Cuando el calor del día desaparece, el paisaje recupera el silencio y el cielo parece recordar que las cosas importantes siempre necesitan tiempo.
La elaboración de esta primera añada 2023 de Roda Rosado Reserva Perdigón y Corimbo Rosado Reserva, no responde a una tendencia de mercado ni parecen concebidos para ampliar una gama. Son la consecuencia lógica de una forma de entender el vino que RODA lleva décadas desarrollando y que hoy también se expresa en su proyecto de Ribera del Duero, Bodegas La Horra.
La filosofía es conocida: el protagonismo pertenece al viñedo. A partir de ahí, cada decisión en bodega busca interpretar el origen, no transformarlo. Ese planteamiento ha definido la identidad de sus grandes tintos y ahora se traslada a dos rosados elaborados desde la misma exigencia.
Lo interesante es que la propuesta se desarrolla en dos territorios muy diferentes. Rioja aporta la personalidad de Perdigón, un viñedo singular donde Tempranillo y Garnacha encuentran un equilibrio muy particular. Ribera del Duero responde con la identidad de la Tinto Fino cultivada en pequeñas parcelas de cepas en vaso en la localidad de La Horra y pueblos colindantes. Dos paisajes, dos interpretaciones y una misma manera de trabajar.
Ambos comparten también una elaboración poco habitual en esta categoría. La crianza de quince meses en barricas usadas no busca que la madera sea protagonista. Su función es otra: aportar estabilidad, integrar el conjunto y permitir que el vino gane profundidad sin perder la identidad del viñedo.
Ese detalle resume bastante bien la filosofía del proyecto. No se trata de hacer rosados que no sean únicamente para el periodo estival por el simple hecho de diferenciarse. Se trata de aplicar el mismo nivel de rigor que ha convertido a RODA en una referencia, independientemente del tipo de vino o de la denominación de origen.
En un momento en el que buena parte del mercado sigue asociando el rosado al consumo inmediato, Roda y Corimbo reivindican otra manera de entender esta categoría. Son vinos concebidos para la gastronomía, con capacidad de evolucionar y de ocupar un lugar en la mesa durante toda una comida, sin necesidad de justificar su color.
Y probablemente esa sea la aportación más interesante de este proyecto. No pretende redefinir el rosado ni romper con lo establecido. Simplemente recuerda que las categorías nunca deberían marcar los límites de un vino.
Cuando el viñedo está en el centro de todas las decisiones, el color pasa a un segundo plano. Y eso es exactamente lo que ocurre aquí.




